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jueves, 11 de diciembre de 2014

El Río de la Tragedia (Historia Corta)

 Antes de nada, aclarar de qué va esto. Hace un tiempo, como trabajo para una clase del instituto nos mandaron hacer una historia con sentido completo, partiendo de solamente 15 frases sin relación alguna, del tiempo "Ha empezado a llover" o "Tengo miedo a los pumas".
   Se suponía que no debería ser demasiado largo, por eso la historia en sí está como sin acabar, como si hubiera cogido un pedazo de un libro. Y algunas de las frases que tuve que poner quedan un poco forzadas, pero bueno, esto es lo mejor que pude hacer.
  Puede que algún día lo transforme en una historia, o un libro con más trama. Sí, ya tengo pensado cómo sería (de hecho lo pensé mientras lo escribía pero ya me pasaba demasiado de las palabras necesarias, así que decidí eliminar todo el contexto y la trama del universo este que he montado), así que puede que algún día termine lo que empecé jajaja.
   Una pequeña sinopsis: Dan y Neal se encuentran en el Inframundo camino del palacio de Hades. Solo hay un problema... el camino no parece ser tan fácil para lo vivos como lo es para los muertos.
   Y ya no digo nada más. Bring it on ^^
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   Dan se despertó poco a poco, disipando con esfuerzo la neblina del sueño. Se incorporó en el duro suelo y miró a su alrededor, encontrando a Neal sentado con la espalda contra la pared de roca, y una pequeña fogata a unos centímetros de sus pies cruzados.
   -Bienvenido al mundo de los muertos -Neal se rió entre dientes de su propia broma-. ¿Qué tal estás?
   -No sé... -respondió Dan, frotándose la frente, que tenía un feo y doloroso chichón-. Me siento como si una manada de búfalos hubiera jugado un partido de hockey con mi cabeza como bola.
   Recordó vagamente la imagen de un grupo de pumas feroces y tremendamente hambrientos persiguiéndoles por los estrechos pasillos de la cueva. Al final habían conseguido escapar derribando una pared de piedra que cortó el paso a los enfadados felinos, pero Dan se había golpeado la cabeza en la escapada y en cuanto estuvieron a salvo, perdió el sentido.
   Qué hacían unos pumas en una cueva a kilómetros de la superficie, nunca podría entenderlo, pero supuso que en el Inframundo las cosas no tenían por qué tener sentido mientras hicieran daño.
   Genial, ahora tengo fobia a los pumas, pensó distraídamente mientras seguía frotándose el bulto en su cabeza con una mueca de dolor.
   -Siento decirte esto, pero no tenemos tiempo para que te recuperes de la resaca. Tenemos que irnos ya si queremos llegar al Palacio de Hades y estar de vuelot a tiempo. Ya sabes, por todo eso de "si en 48 horas no habéis vuelto, no podréis hacerlo nunca" -la voz bromista de Neal había desaparecido, dejando paso a la seriedad característica de él. Irónicamente, Neal tenía el pelo teñido de azul eléctrico, ojos de un extraño color dorado, un piercing metálico en la ceja derecha, y una camiseta negra que rezaba "Quiero ser un koala", por lo que la gente siempre se sorprendía de lo serio y duro que podía llegar a ser. De hecho, Dan sospechaba que Neal conseguía alguna clase de retorcida satisfacción al ver la confusión que él mismo podía llegar a crear.
   Por su parte, Dan se mezclaba bastante más con el entorno. Bueno, salvo por el hecho de que él tenía el pelo castaño claro con reflejos rubios, una ligera barba de tres días y profundos ojos azul verdosos. Era algo más bajo y menos corpulento que Neal, pero ambos eran, al igual que el resto de su raza, increíblemente atractivos, capaces de acaparar la atención de todo el mundo en una sala llena de humanos.
   -Está bien -suspiró Dan-. Pero antes... ¿nos queda comida? O mejor, ¿nos quedan palomitas? Me gustan las palomitas -dijo la frase alegremente y con una sonrisa esperanzada que solo consiguió en respuesta que Neal pusiera los ojos en blanco.
   -Y a mí me gustaban mis zapatillas granates, pero tanto la comida como mis zapatillas terminaron "ligeramente" perjudicadas tras el incidente de ayer -levantó su pie derecho, que tenía una zapatilla, efectivamente, granate, que estaba destrozada por su frenética escapada sobre terreno rocoso e irregular. 
   Al menos no tiene que ir descalzo. pensó Dan. Aún.
  Otra diferencia de ambos era, obviamente, su carácter. Mientras que el de Neal era mucho más seco y, honestamente, tenía muy poco sentido del humor, Dan siempre trataba de hacer bromas en momentos donde muchas personas dirían que no se debía. Pero para Dan todos los momentos tenían derecho a algún punto de humor, aunque fueran funestos. El humor era lo único que le salvaba de volverse un cascarón vacío de un hombre, tras todas las cosas que había tenido que ver y hacer.
   Dan gruñó frustrado en respuesta a la negativa de comida y se levantó lentamente, haciendo caso omiso del quejido de sus músculos. Neal también se levantó, y mientras él apagaba la pequeña fogata del suelo echando un par de puñados de tierra encima, Dan comprobó que llevaba lo que le quedaba de sus pertenencias: una pequeña cantimplora de agua casi vacía y una botella con un brebaje púrpura que había encontrado en una estantería antes de emprender el viaje, cada uno en sus bolsillos asegurados con cremalleras.
   Después, ambos emprendieron camino por un estrecho pasillo de piedra anaranjada que había al final de la cueva donde habían estado.
   Varias duras y cansadas horas de caminar ininterrumpidamente y unos cientos de "Quiero irme a mi casa" y "Tengo sueño" por parte de Dan después, salieron al fin y sin encontrarse con ningún otro obstáculo, salieron al fin del entramado de cuevas, y se encontraron frente a una oscura explanada con un río oscuro y lúgubre surcándola por el medio.
   En lo que se podría considerar el cielo, había una inmensa nube de un morado grisáceo que daba una impresión aún más tétrica al ya de por sí tétrico lugar. La explanada estaba vacía, y lo único que se escuchaba era el sonido de las botas de ambos contra la arena del suelo, golpeando lenta pero rítmicamente. Cuando estaban a medio camino del río, empezaron a caer gotitas de la inmensa nube amoratada.
   -¿Ha empezado a llover? ¿En este sitio? -pregutó Dan extrañado, alzando la mano y viendo una gota caer en su palma.
   Esta empezó a arder al contacto con su piel, y Dan agitó la mano frenéticamente con un grito de sorpresa hasta que dejó de sentir ese agudo dolor.
   -Lluvia de fuego -exclamó Neal, con los ojos muy abiertos y con un tono que decía "¿cómo no vimos esto venir?"- ¡Vamos! Tenemos que cruzar el río -empezó a correr hacia la orilla-. La nube desaparece al otro lado.
   Efectivamente, la nube desaparecía del cielo como si se chocara contra un muro en el  lugar exacto dende la orilla contraria del río empezaba, y el cielo se volvía de un monótono pero seguro gris claro.
   -¡¿Pero qué dices?! No tenemos monedas para pagar a Caronte, y, oh, ¡también está el pequeño detalle de que él ni siquiera está aquí!
   Neal se paró en seco y miró hacia atrás, apuñalándole con sus inquietantes ojos.
   -No tenemos tiempo de esperar al barquero. Tendremos que cruzar por nuestros propios medios. Es decir, nadando -aclaró como si Dan fuera tan tonto que no hubiera podido comprenderlo sin aclaración.
   -Oh, sí, por suspuesto -replicó Dan, con tono sarcástico, mientras un par de gotas le caían en la cabeza y la cara, causándole un terrible dolor-. ¿Te he mencionado lo mucho que me encanta la natación? Y mucho más si es en el mítico río Aquerón, por donde tienen que pasar o caer las almas de los muertos. Donde si te caes, se dice que nunca podrás volver a salir. Me inspira mucha confianza.
   Neal gruñó una obscenidad y señaló al río, y Dan pudo ver algunas columnas de fino humo ascender de donde las cada vez más frecuentes gotas tocaban la piel. Sin embargo, Neal ni siquiera cambió su expresión de enfado. 
   -¡Mira ahí! Hay patos. Y tienen toda la pinta de estar vivitos y coleando, ¿no te parece? No todos los mitos son ciertos, Dan. Tú más que nadie deberías saberlo.
   -¿Los patos son tu prueba irrefutable de que si caemos podremos volver a salir? ¡Los patos no son de fiar, y mucho menos si viven en el Inframundo! ¡Nada que viva en el Inframundo es de fiar, para el caso!
   -Es esto o morir abrasados por la lluvia, Dan. Cada vez caerá más fuerte hasta que te conviertas en la jodida antorcha humana, y no sé tú, pero yo eso prefiero dejárselo al de Los 4 Fantásticos -sin decir otra palabra se giró y empezó a correr hacia la orilla del río.
   Dan lo meditó durante medio segundo antes de que una gran gota de agua le cayera en el hombro y le quemara la camiseta, y después la piel y casi el músculo. No pudo soportarlo más, y siguió a su compañero, corriendo como nunca lo había hecho antes, con la cabeza gacha para tratar de protegerse la cara de las abrasiones.
   -¡Me siento muy disconforme con esta decisión! -gritó Dan completamente indignado, pero sabiendo que no había otra posible salida. Pero, tal y como acababa de hacer Neal, llegó hasta la orilla del caudaloso río, cerró fuertemente los ojos...
   Y saltó.

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